sábado, 5 de septiembre de 2009

Una mirada acá, una mirada allá

Laura es de Montelíbano, un municipio ubicado al sur de Córdoba; para poder desempeñarse íntegramente en sus estudios debe convertirse en una ciudadana de Caucasia, municipio donde está una de las sedes de la Universidad de Antioquia, el lugar que escogió para ser una profesional.

La cordobesa lleva dos años estudiando ahí, en este tiempo ha encontrado la manera de disfrutar a Caucasia y de reconocer en ella esas características en las que se parece tanto a su municipio; sin embargo, cada fin de semana que puede viaja a Montelíbano, a ver a su familia, a sentirse bien consigo misma, a ser importante y a inhalar aire de su tierra.

Cuando es montelibanés sale a la calle sintiéndose el centro de atracción, no por la moto en la que anda, una XT 225, sino porque considera que sus atributos despiertan las miradas de cuanto hombre esté en el lugar; si le gusta un chico simplemente tiene que pitarle o mirarlo; le encanta ser correspondida y observar en aquel rostro una sonrisa coqueta de esas que ponen los hombres cuando quieren tener a una mujer; si sale en pijama sabe que por la velocidad casi nadie notará las ojeras, de igual le echan piropos; si está despeinada la gente creerá que es la brisa; de todas maneras, algo en su interior es consiente de que la moto llena vacíos en su belleza.

Ser caucasiana es rentable para ella desde una óptica académica, pero en cuanto al coqueteo y la conquista no; ese es el lado de Caucasia que Laura odia, puesto que pasar desapercibida hiere en gran manera su ego; en este municipio coquetearle de frente a un hombre no es tan simple, acá se debe transportar a pie, en taxi o en “mototaxi”, este último considerado por ella como el principal enemigo del glamur, de aquella gracia que necesita para ser deseada; no puede ahora lanzarse sin miedo a instalar un diálogo de miradas con los más interesantes del género masculino.

Necesita tener el ego satisfecho, por eso no puede darse el lujo de descuidar la única forma que tiene para llamar la atención; debe entonces poner empeño en estar bien vestida, en mantener el cabello organizado; las cejas cuidadas, los ojos bien delineados de color negro y los labios vestidos de un rosado medio brillante que cautive.

Laura, mientras es antioqueña medita en todas las piruetas que deben hacer las mujeres para conseguir que un hombre se fije en ellas; les mande flores, se consiga su número de celular y les ponga una serenata repentina a fin de robar su corazón.
Mientras es cordobesa simplemente piensa en lo profesional que es si de coqueteo se habla; en robarle una mirada al “papasote” de aquella esquina y en mantener lleno de gasolina el tanque de esa que le ahorra tantos esfuerzos.

Entonces comprende que la cultura, la sociedad y el entorno son trascendentales no solo en el desarrollo económico y político del ser humano, sino también en los tipos de relación que sostiene el mismo con quienes lo rodean.

Yerlenis Padilla Ruiz,Comunicacion Social U. de A. CAucasia